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POR GUILLERMO KEMPIN :: PARA REVISTA AIRE

Guilermo Kempin, viajero incansable, se traslada hacia el otro lado de la cordillera. En la bellísima Puerto Montt, se detiene una vez más en el restaurante “Los Navegantes”, del Hotel Gran Pacífico. Y la conclusión, también como otras veces, es más que satisfactoria. El precio, razonable. El vino, impecable. Los ventanales del décimo piso ofrecen, además, un panorama que decididamente colabora con el espíritu. Y la estrella de la cena es la Sopa Marinera

Frecuento desde hace muchos años el sur de Chile y debo confesar que nunca me ha ido demasiado bien a la hora de comer. He explorado por mi cuenta, buscando descubrir esos lugares característicos y encantadores de las ciudades con mar, pero siempre hubo algo que desentonaba en esos placenteros momentos.

Además de usar mi instinto de autodidacta, también me dejé aconsejar por amigos viajeros, con algunos de los cuales he estado a punto de perder tal condición a causa de sus recomendaciones. Aún así nunca encontré la satisfacción esperada.
No me he rendido a la idea de abandonar el vagabundeo por esta hermosa Décima Región chilena, a la que considero un sitio de rara belleza con lagos, volcanes, océano y campos prolijamente trabajados.

Conozco bien Puerto Montt y después de tropezar con la misma piedra, es decir con tanta decoración de redes marineras, ojos de buey y decoración del tipo “te voy a hacer sentir como en un pesquero”, tomé la riesgosa decisión de comer en hoteles en desmedro del disfrute de ambientes más auténticos.

Me ha ido más o menos bien, con distintas suertes. Siempre he tenido en consideración el restaurante de hotel, no obstante la mala prensa. Creo animadamente que el servicio de restaurante en los hoteles casi siempre está algún escalón más arriba que uno de la calle. Tal vez haya en el personal un desarrollo del sentido de la paciencia algo diferente. Quizá la estadía más prolongada del huésped, genere en las personas a cargo de la atención una mirada más piadosa y la opción de explotar de ira ante requerimientos absurdos no sea considerada.

El restaurante del hotel, en la mayoría de los casos, se usa como solución alternativa, ya sea por lo inapropiado de la hora, por adversas condiciones climáticas o porque el post encuentro amoroso requiere reponer fuerzas “al tiro”.
Quien suscribe, este humilde servidor, padeció el “síndrome de restaurantero” en hotel con estrellas. Será por eso que siempre doy una chance a los sufridos trabajadores de estas cocinas.

Por esas vueltas de los viajes y por algunos de los motivos anteriormente citados, decidí tiempo atrás cenar en el restaurante “Los Navegantes”, del Hotel Gran Pacífico de Puerto Montt, y descubrí una cocina de mar fresca y simple. Desde ese momento lo he visitado en distintas oportunidades. Es un hotel cuatro estrellas con un restaurante de cocina popular marinera y un ambiente clásico en el décimo piso, con espectacular vista a la bahía. De noche el panorama es espléndido: también se divisa la cruz iluminada del barrio de pescadores de Ángel Mo, que mi amiga Mirella Sardellini, cocinera en Porto San Giorgio, después de algunos piscos confundió con un claro de luna.
Recomiendo para comenzar la Tabla del Pacífico con centolla, langostinos, camarones, calamares y picorocos. La estrella de la cena es la Sopa Marinera, pariente cercana de la boullabaise, del caciucco livornese , del brodetto marchigiano y de sopas de pescado de tantos pueblos con mar. Expresión perfecta de la cocina lugareña, mejorada con el tiempo y en este caso brillantemente ejecutada. Me permití corregirla con una “O” de aceite de oliva en crudo. Lleva ajo blanco chileno, delicadísimo, y un toque de cilantro imprescindible. Más tarde, una digna tabla de quesos.
El jefe de cocina es Hugo Muñoz Toledo, llamado el maestro por Fidelina Maldonado, quien estuvo a cargo de nuestra atención. Llamarlo así me pareció otro aporte de genuinidad y de sencillez extrema, entre tanto trato de chef con resultados a veces dudosos. El servicio es correcto, amistoso, sencillo y sin amaneramientos.
El vino fue un carménère Grey Viña Ventisquero 2005 del Valle del Maipo, Rancagua, 14.5º con quince meses en barrica de encina. Muy complejo de nariz, ligeramente herbáceo y especiado. Delicado y equilibrado. 23 dólares. Se lució especialmente con la Sopa Marinera y con la tabla de quesos. Precio por persona: 35 dólares.

* Restaurante “Los Navegantes”
Urmeneta 719, 10º piso, Puerto Montt, Chile.
Teléfono: 56 065 482100


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